Nº EXPEDIENTE: 5059-C-16
Esta iniciativa legislativa busca reconocer un hecho que resultará sustantivo para el crecimiento y la difusión de la actividad literaria de Córdoba así como para la difusión de la Historia de todos los argentinos.
Hace casi un año se publicó el primer volumen de una saga histórica dedicada a revisar y reconstruir nuestra Guerra de la Independencia, entendida como conflicto que abarcó quince años (1810-1825), y que marcó, no sólo el combate por nuestra emancipación, sino además nuestro nacimiento como Nación. Episodios olvidados, momentos que han quedado, irremediablemente, soslayados en nuestra historiografía nacional, anécdotas que ilustran el verdadero sentimiento que empapó aquellas primeras jornadas en las que se conquistó la Libertad de las Provincias Unidas del Virreinato del Río de la Plata. El título de aquella publicación: “Las campanas de Potosí, y otros relatos”. Hoy se le han sumado dos títulos más a esta saga incipiente, “Gritos de Bronce, y otros relatos” (presentado en los últimos días de diciembre pasado, y “El Juicio, y otros relatos”, que se estará presentando a finales de este mes en la ciudad de Villa Allende. Esta saga histórica, sin precedentes en la literatura argentina, es sobresaliente desde el punto de vista de la investigación histórica, con el mérito de haber logrado volcar sobre sus páginas una gigantesca documentación que, sin embargo, se encontraba resquebrajada y presentada como mosaicos independientes a lo largo de toda la historiografía argentina, en la que se incluyen además, textos bolivianos, peruanos, y españoles, poco conocidos en nuestro país, y que sin embargo, le permitieron al autor rescatar del olvido, en un intento por reivindicar a esos primeros héroes de nuestro pasado, y de difundir sus proclamas, sus gestos, y sus combates para que puedan ser conocidos y valorados por todos aquellos que decidan acercarse a la obra.
Debo agregar que la construcción de una obra literario-histórica argentina sobre estos hechos, sobre aquel período en particular, tan oscuro como notable, de esta magnitud, era, sin lugar a dudas, una tarea pendiente que teníamos los argentinos para con nuestro pasado.
La saga, que hoy abarca los tres títulos mencionados, ascenderá al número de nueve (en principio, podrían ser más según las palabras de su autor) para mediados o finales del año próximo.
No obstante, considero que no es necesario aguardar a ese momento, en que, aparentemente, la saga y estos relatos habrían llegado a su final, sino que por el contrario, es oportuno, cuando no necesario, brindarle nuestro reconocimiento, aunque más no sea una declaración formal, a este joven autor cordobés, que con apenas 24 años, se encuentra sumergido en una poderosa labor literario-histórica, en un intento cierto y épico por tratar de descifrar el momento de nuestro nacimiento, de nuestro origen, como nación y como pueblo.
No sólo recomiendo la lectura de esta obra a todos los presentes, sino que quisiera agregar el valor que esta iniciativa podría llegar a tener sobre nuestros jóvenes, perdidos en medio de una bruma de mediocridad y falta de objetivos, muchas veces asediados por verdaderos anti-modelos que se les presentan casi a diario, faltos de ese alimento de pasión que requiere cualquier sentimiento puramente patriótico y argentino, y que podrían encontrar en los nombres de aquellos próceres que figuran al final de cada una de las sesenta narraciones que hasta la fecha ocupan a esta obra, el aliento necesario, más que un modelo a seguir, figuras que les enseñen la diferencia entre una vida modestamente buena, y lo que han sido aquellas vidas heroicas, sacrificadas, entregadas, en muchos casos, sobre el altar de la Patria, muriendo convencidos de que con su sangre estaban gestando un porvenir más amable para el resto de sus compatriotas.
No deberíamos haber olvidado nunca los nombres de hombres como Manuel Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Manuel Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz Lamadrid, Carlos Forest, Ignacio Warnes, Juan Martín de Pueyrredón, Bonifacio Ruíz de los Llanos, Estaban Arce, Antonio “Falucho” Ruiz, María Remedios del Valle, Juan Ramón Estomba, los hermanos José Apolinario y José Domingo Saravia, los célebres “Diegos”: Diego José Andrés y Diego Domingo Fernando Pueyrredón (sobrinos de Juan Martín, ambos muertos en acción), Juan Pedro Luna, Manuela Gandarillas, Manuela Rodríguez Terceros de Arce, Cornelio Zelaya, Mariano Díaz, Baltazar Cárdenas, Blas Videla Páez, los seis hermanos: Juan Ramón, Antonio, Marcos, Francisco, José, Diego, y Francisco María González Balcarce, y muchos más… Algunos de ellos hoy figuran en los nombres de nuestras calles… A muchos de nosotros pueden resultarnos conocidos… Y debe haber todavía, deben existir aún personas que los recuerdan y que con sus acciones diarias les rinden un sentido homenaje… Pero para la gran mayoría de nuestra sociedad… Son sólo nombres… Desconocemos sus vidas, sus luchas, sus batallas, y por encima de todo, sus razones, que los llevaron hacia disímiles finales, algunos hacia la miseria, otros hacia el martirio, y en la gran mayoría de los casos a terminar muertos sobre el campo de batalla… Y lo que es peor aún, desconociéndolos, olvidando no sólo sus nombres, sino también sus vidas y su mensaje, hemos olvidado nuestros orígenes, las raíces sangrientas de nuestra Patria… Y, parafraseando a Shakespeare, olvidándolos a ellos, nos hemos olvidado a nosotros mismos… Si no sabemos quiénes fueron aquellos, nuestros fundadores, tampoco podremos saber nunca, quiénes somos nosotros…
Debemos aplaudir este esfuerzo histórico-literario, pero más todavía, el intento de rescatar las memorias de aquellos primeros argentinos del ayer, que no es otra cosa que rescatar nuestra propia memoria, una memoria dolida y, lamentablemente, herida…
Solicito que se declare, desde esta honorable Asamblea, el Beneplácito hacia la obra histórico-literaria del señor Rodolfo M. Lemos González, cordobés por nacimiento, hijo de esta ciudad, joven escritor, y apasionado historiador, a quien instamos, a quien alentamos, a que siga adelante en su cruzada contra el olvido, en su labor en favor del reconocimiento, a través de la cual, espero, todos nosotros podamos algún día sanar nuestra memoria nacional y colectiva, y mirar hacia atrás, para comprender, para lamentar, para sentirnos dolidos en muchos casos, pero ante todo, para poder emocionarnos con la Gloria de aquel primer grito de Libertad, que escondía también el deseo, febril, de construir una Patria noble y fuerte, en la que no hubiera ya más lugar para la Mediocridad, la Oscuridad, y la Injusticia.
Muchas gracias.
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